Julián cargaba con 15 años, era un chico muy despierto y raramente se lo veía de mal humor, lo cual es una buena cualidad, y más todavía teniendo en cuenta el tipo de vida que llevaba, o, -por qué no- que le tocó vivir. A diferencia de la mayoría de los chicos de su edad, no fue al colegio porque, por mucho que le hubiera gustado, nunca contó con los recursos económicos suficientes para hacerlo, así que trabajaba para ayudar a su padre a sustentar a la familia. Su manera de actuar y pensar, surgió de las circunstancias sociales en las que fue educado y de las personas que le transmitieron ideas y valores, en este caso sus padres, quienes se sentían desilusionados por la indiferencia que recibían tanto de las personas como de los gobernantes. Todas las enseñanzas recibidas desde pequeño por ellos, no determinaron por completo su personalidad pero si la influyeron de una manera notable.
A menudo Julián era “atacado” por una serie de pensamientos que le quitaban el sueño, entre ellos, su estilo de vida. Aunque intentaba, le era imposible comprender por qué su modo de vivir era tan diferente al de otras personas, quienes tenían cosas de sobra y sin embargo siempre querían más y más, nunca se satisfacían por completo. “¿Qué habré hecho para que me toque esto a mí? Yo simplemente me conformaría con tener un plato de comida diario, una vivienda digna, y un trabajo mejor para mi papá, no necesito un celular, computadora, auto, cámara de fotos, ¡esa gente es insaciable!” Y tenía razón. Todo el mundo comentaba diariamente las maravillas de los avances tecnológicos, productos nuevos y la modernización, pero la cruda realidad era que él y su familia (y mucha gente más) tenían cada vez más dificultades para trabajar, y obtener un mínimo de dinero para comprar alimentos. Y ni hablar de tecnología, todas esas comodidades parecían ser un sueño imposible, inalcanzable. Sólo una afortunada parte de la población contaba con facilidades inimaginables para él, como el agua potable, pura, saliendo de una canilla en sus hogares. Lo más triste no era sólo que nadie le diera importancia, sino que tampoco la valoraban y la malgastaban diariamente.
Un día, mientras trabajaba haciendo malabares en el tren, una señora se le acercó y le dijo: “Es terrible que tengas que trabajar a tu edad, pero realmente te felicito porque sos diferente a los demás”
-¿Por qué?- le preguntó Julián. Y la señora se limitó a contestarle “porque no robás” y se bajó en la siguiente estación. ¿Qué habría querido decir la señora? ¿Que todos los que eran pobres como él (económicamente hablando, claro está, porque también hay gente pobre de espíritu, de corazón, de valentía, pero ese no era el caso de Julián) robaban? ¿Se trataba de un halago para él, o de un insulto a los de su clase social? Parecía más bien una ofensa. ¿Qué sabía esa mujer de su vida? Si ella hubiese nacido en las mismas condiciones que él tal vez hubiera robado dinero o comida para subsistir, nunca se sabe. Es fácil hablar, pero lo que es realmente difícil es ponerse en la posición del otro. Julián veía inexplicable que teniendo los gobernantes tanto poder, y no haciendo nada para mejorar las cosas, pudieran vivir tan tranquilos y despreocupados mientras miles de niños morían de hambre o enfermedades curables. Bastaría con vivir como él un solo día en la vida, para darse cuenta las complicaciones que atraviesa, y lo poco llevaderas que son
20 años después
Ahora Julián tiene 35 años y dos hijos, y sus condiciones de vida no han mejorado en lo más mínimo.
-¿Por qué?- le preguntó Julián. Y la señora se limitó a contestarle “porque no robás” y se bajó en la siguiente estación. ¿Qué habría querido decir la señora? ¿Que todos los que eran pobres como él (económicamente hablando, claro está, porque también hay gente pobre de espíritu, de corazón, de valentía, pero ese no era el caso de Julián) robaban? ¿Se trataba de un halago para él, o de un insulto a los de su clase social? Parecía más bien una ofensa. ¿Qué sabía esa mujer de su vida? Si ella hubiese nacido en las mismas condiciones que él tal vez hubiera robado dinero o comida para subsistir, nunca se sabe. Es fácil hablar, pero lo que es realmente difícil es ponerse en la posición del otro. Julián veía inexplicable que teniendo los gobernantes tanto poder, y no haciendo nada para mejorar las cosas, pudieran vivir tan tranquilos y despreocupados mientras miles de niños morían de hambre o enfermedades curables. Bastaría con vivir como él un solo día en la vida, para darse cuenta las complicaciones que atraviesa, y lo poco llevaderas que son
20 años después
Ahora Julián tiene 35 años y dos hijos, y sus condiciones de vida no han mejorado en lo más mínimo.
La brecha social se acrecienta y crea diferencias en la calidad de vida cada vez más grandes, y tal contraste explica el resentimiento que pueden sentir quienes no tienen acceso a los beneficios que disfruta la parte pudiente, que aspira a incrementar su masa de mercancías a través del consumo. El contexto en el cual él se desenvuelve diariamente sigue influyendo en su personalidad, aunque ya sea mayor. Su situación es exactamente igual a la que atravesaban sus padres cuando él era tan solo un niño, por lo que todos los anhelos y deseos de poder integrarse en la sociedad y vivir en condiciones dignas, se hicieron añicos.
Julián se encuentra frente a una sociedad que lo margina, al igual que a toda la gente de su clase, lo cual pone en manifiesto la indiferencia social que impera, que invisibiliza a sujetos como él. Su trabajo no dio frutos y poco a poco en su familia se fue generando una construcción de valores alternativos a los que tienen muchas personas. Pareciera inútil apegarse a las normas, y trabajar, ya que no es lo que se premia o valoriza, y el sistema no le brinda ninguna clase de oportunidad.
Finalmente queda por destacar que el primer paso para invertir su situación va más allá de la ayuda que reciba por parte de otros. Sigue soñando con sentirse incluido en la sociedad con sus semejantes y sentir una igualdad de punto de partida para todos, que es lo que ambiciona para sus hijos, hasta el día en que se muera, aunque lo hace con los pies en la tierra y una mirada realista, no tan alentadora.
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